No todos los jóvenes somos iguales

"El éxito sin honor es el mayor de los fracasos"


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La tormenta perfecta, por Roberto Santamaría


Si estás estudiando periodismo créeme que lo siento. Acabarás tu carrera y con un poco de suerte entrarás de becario en un medio de comunicación de cierta solera, o no, y aprovecharán que –gratis total- sustituyes a uno de los profesionales que –gracias a Dios- este año tiene vacaciones tras haber sufrido recortes salariales en su paga y ver cómo otros compañeros o han sido despedidos o han sido prejubilados.

Si estás estudiando periodismo créeme que lo siento. Quizá con un poco de suerte y muchos pero que muchos contactos, conseguirás entrar en algún medio de comunicación de cierta solera, o local en los que unohacedetodo, y por un sueldo con el que ni sueñes emanciparte de tus padres. Tu trabajo consistirá en llenar un informativo de televisión de media hora en el que deberás olvidar el concepto calidad en detrimento de la cantidad. O tu trabajo consistirá en hacer la misma pieza para radio, televisión y colgarla en la web del medio de comunicación en cuestión.

Se de lo que hablo. Una reconocida y magnífica profesional, mejor persona, que hoy pone la cara en TVE y yo mismo, hicimos en 2003 un informativo de media hora de televisión de 27 minutos. En este mismo medio, la misma noticia que hacíamos para la televisión, entrábamos al plató de la radio para contarla.

Esto es una tormenta perfecta. Como en el filme de 2000 dirigido por Wolfgang Pertesen con George Clooney como patrón del pesquero Andrea Gail, los grandes medios se sintieron mucho más grandes y se lanzaron a comprar muchos más medios, borrachos por la cantidad de dinero en publicidad que recibían. Se endeudaron y endeudaron para comprar y ahora, con la sequía publicitaria, algunos tienen los días contados. Deuda, sequía crediticia y caida de los ingresos publicitarios: la tormenta perfecta y miles de ahogados –sobre todo periodistas- en unas aguas que se quedarán secas unos cuantos años más.

Hace unos años, muchos médicos iban al paro en cuanto terminaban la carrera. Había pocas plazas para el famoso MIR y no eran suficientes para que todos los galenos pudieran formarse. Hoy en cambio faltan médicos en muchas especialidades. Quizá dentro de unos años los muchos periodistas que terminan los estudios encuentren trabajo poco después de haber obtenido la licenciatura.

Quizá hoy nuestra profesión haya comenzado su particular travesía en el desierto. El tiempo lo dirá.

Roberto Santamaría (@RSantamariaG)

Roberto Santamaría

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THE PAPER, detrás de la noticia. Por Roberto Santamaría


Roberto Santamaría

Roberto Santamaría

“Por que el mundo puede cambiar en veinticuatro horas” dice la voz radiofónica cuando Michael Keaton, el protagonista, se acuesta junto a su mujer satisfecho por haber sido padre, enla ficción MarisaTomey, y por haber dado una gran exclusiva en su periódico. Fundido a negro. The Paper, el Periódico, una película de 1994 dirigida por Ron Howard, es un metraje que nos permite conocer –con demasiados estereotipos- los entresijos de una profesión y unos modelos de negocio que cada vez más dependen en demasía del dinero público.

Se le llaman convenios, acuerdos de colaboración para que un medio “venda” determinada región en otros soportes de los que el grupo dispone en otras provincias de España; son también cuadernillos centrales que bajo el genérico “agro”, “educación”, “deportes”, esconden en realidad publicidad política a secas que cantan las excelencias del Gobierno regional de turno. Incluso las agencias de noticias no se libran de esta enfermedad. Bajo estos convenios y por una módica cantidad, esclavizan a la agencia a seguir día tras días las andanzas de políticos y jerifaltes allende las tierras, sin entrar a valorar –como si de un editor se tratase- si ese viaje, esa acción gubernativa es de interés público y del público.

Estos acuerdos, convenios de colaboración, determinaciones de los gobiernos de en dónde debe insertarse la publicidad institucional, son el cáncer de un modelo de negocio que pierde lectores y anunciantes; y son asimismo, el germen de la destrucción del periodismo crítico.

Si todo quedara en la inserción de unos cuantos anuncios en todos los medios de comunicación fueran cuáles fueran sus líneas editoriales, podríamos incluso defender el uso de los anuncios para informar a la ciudadanía de que tal o cual infraestructura está ya a su servicio; nada más lejos dela realidad. Nosólo los Gobiernos regionales –el central está regulado por Ley- emplean ese dinero público para engordar la cuenta de resultados de sus medios afines, sino que lo emplean para determinar y dirigir el medio en cuestión desde la sombra, con amenazas veladas a profesionales y directores de periódicos, radios y televisiones que caen rendidos a las órdenes de sus patrocinadores. La situación se ha vuelto tan peligrosa y asfixiante para el ejercicio de la profesión, de la libertad de expresión, del artículo 20 dela Constitución Españolaque un Presidente de una región de España llama por teléfono directamente a este medio para que se supriman de su versión en Internet los comentarios que sobre su acción política realizan libremente en sus foros los ciudadanos.

Mueren muchos periodistas en muchas partes del mundo por el libre ejercicio del derecho a la información; es de obligación nuestra solidaridad con ellos, pero no olvidemos que el ejercicio de esa libertad en esos países viene determinada por las circunstancias políticas, sociales y económicas que atraviesa la nación en cuestión y no por nuestra visión ideal de lo que debería ser nuestra profesión. Tratar de exigir libertad de prensa en Irán, Corea del Norte ola antigua Birmania, es no querer ver que no hace mucho tiempo en España no existía tampoco la libertad de expresión.

En cambio, de manera soterrada, sorda y casi ciega, cerramos los ojos a las presiones dinerarias de los Gobiernos, cuando no contribuimos para mantener nuestro estatus socioeconómico a la muerte del periodismo. Entiendo y comprendo que al final el pago de la hipoteca afecta a todos por igual, pero no le llamen periodismo sino servilismo.

 

Roberto Santamaría (@RSantamariaG)


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Salvadnos (de Luxe)


Roberto Santamaría

Roberto Santamaría

En lo que llevamos de año más de dos mil periodistas han perdido su trabajo en Madrid y otros tantos mil a nivel nacional. Los medios de comunicación, como empresas y negocios que son, han visto cómo los ingresos publicitarios han caído a niveles de los años noventa, hecho que ha repercutido directamente en las necesidades de personal que tenían contratadas estas empresas para acometer su trabajo.

Diversos medios de comunicación de este país se lanzaron a expansionarse, a aumentar, a incrementar sus cabeceras, suplementos, cadenas de televisión, redes de radio, internet; hipotecaron su futuro emborrachados de ingentes ingresos que destinaron a la adquisición (y creación de nuevas televisiones) de medios incluso en América Latina y ahora sufren las consecuencias. El incremento de la difusión y la audiencia y por lo tanto los ingresos publicitarios eran finitos pero creyeron que, como el precio de la vivienda, sus ingresos no podían hacer otra cosa sino crecer. Así que pidieron créditos sindicados con varias entidades bancarias y cajas de ahorros y se lanzaron a crear gigantescos grupos multimedia fagocitadores de publicidad, audiencia y cómo no, influencia; creación de opinión y agenda mediática.

Pero en un país con pies de barro, cuya riqueza se basa en un enriquecimiento ficticio fundamentado en un bien inmobiliario que no podía sino seguir subiendo y que ese “efecto riqueza” contagió al hiperconsumo, cuando la fiesta se acabó, se fueron con él las ventas por publicidad de unos productos que ya la gente no consume sino por necesidad con unas tarjetas de crédito que ya no dan más de sí.

Consecuencia: despedir personal porque ya no es necesario y porque nuestra cuenta de balance después de impuestos EBITDA, necesita estar bien limpia para la Junta General de Accionistas.

No podía ser de otra manera. Siempre es el eslabón más débil de la cadena el que acaba pagando las consecuencias de haber crecido mediante crédito para hiperconsumo que generaba hiperpublicidad e hipercontrataciones que, lo siento, ya no son necesarias. No volverán estos tiempos y el mercado laboral mediático no podrá absorber no sólo a muchos despedidos, sino que tampoco a otros tantos que recién acabada la carrera, busquen su sueño en algún periódico o televisión.

Un consejo de Luxe del filósofo libanés Nassim Taleb: optar por una profesión no escalable, como dentista, en la que los ingresos pecuniarios están determinados por la capacidad de atender a un número concreto de pacientes durante una jornada y por tanto son ingresos fijos diarios o mensuales; frente a las que él denomina profesiones escalables, aquellas determinadas por el talento personal del aspirante que le permitan ir ascendiendo y su dura competencia frente a sus compañeros pero que, como él mismo dice, en un mundo tan enrevesadamente complejo, el GANADOR SE LO LLEVA TODO.

 Roberto Santamaría (@RSantamariaG)

 

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